El paso de cero a uno es mucho más titánico que el de uno a mil, o a ún millón. Y es que crear de la nada se nos hace imposible.
La escalofriante tarea de presentarnos ante la hoja en blanco. Nos puede temblar el pulso nada más acercar nuestra palma al lienzo. Sin embargo, solo tenemos que recordar que ninguna hoja que se nos presente ante nosotros —desafiante— está vacía. Siempre hay un altillo desde el que mirar —avistar, descubrir tras telarañas tal vez— esos pequeños detalles que pasan desapercibidos el noventa por ciento de las veces —o incluso el noventa y nueve— y que dan pie para hacer brotar una avalancha, un gran río, una tormenta. Pero muchas veces requiere de tediosas horas de romperse el coco, sufrir, incluso llorar, desgarrarse las entrañas por no encontrar aquello anhelado, pero una vez visto es como si se hubiera volado por los aires una presa. El agua escapa, derriba, invade, ocupa sin control todo aquello que se le antoje.
Pensamos y evolucionamos, y cuando en algún momento nos rendimos al tedio —cuando dejamos de emocionarnos por descubrir— se enquista, ya no solo nuestra mente, sino la parte más profunda de nuestro ser.
Somos entes que necesitan descubrir, crear, y en último termino amar. Ser amados, descubrir que podemos ser amados, que lo somos, y una vez descubierto, dar gracias y desperdigar amor en las partes del mundo que se nos antoje.
«¿Y que es eso de amar?» Viene a nuestras mentes. Pues bien, ahí está la cuestión: cada uno debe descubrir qué significado tiene esa palabra tan trillada.
Y dónde aprende uno a amar si no es con sus seres más cercanos. En primer lugar con aquellos que le han visto antes de que sea consciente de su existencia, y luego, con aquellos que nos vamos encontrando por el camino.
Y es increíble ser tan afortunado como para heredar generaciones y generaciones de amor, sin quitar los sufrimientos, injusticias, llantos, depravaciones que lo hayan podido manchar. Pero al fin y al cabo nos quedamos con lo bueno para mejorar lo malo.
Podríamos ser unos desagradecidos que no vemos la estela de esfuerzo inmensa que se esconde en el tiempo y que llega hasta nosotros. Y cada vez que me paro a pensar me da por este mood. ¿Qué he hecho yo para compensar todo el esfuerzo que han amasado tan solo las dos últimas generaciones antes de que mis papás me tuvieran?